Himno a la Bandera


 

 

 


 

Resuenan ya las voces de la estirpe

 cantemos a la patria bella y grande,

 altiva y majestuosa como el Ande

 fecunda cual la selva tropical.

 

 Airosa y anhelante de infinito

 el cóndor se agiganta con su vuelo,

 y enlaza a los volcanes con el cielo

 El solen su cenit es su rival

 

 Levantemos con fe la bandera

 rutilante y divisa de honor,

 es la sangre de nuestra frontera

 Ecuador, Ecuador, Ecuador.

 

 Constantes preparemos el futuro

 la nube de tragedia no es eterna

 juremos para siempre unión fraterna

 y recia contextura nacional.

 

 Nos guía la justicia y el derecho,

 marchemos al encuentro de la historia,

 vivir con libertad, morir con gloria

 será nuestro ideal. Patria inmortal.


Himno a Loja


 

 

 


 

Saludemos el nombre bendito

 de la patria en cantar soberano

 gloria a Loja procure el lojano

 al impulso filial del amor.

 

Somos hijos de Loja y debemos

 procurarnos continuo adelanto

 que no cese el cantar sacrosanto,

 del trabajo que es vida y honor.

 

 Fomentemos las artes, la industria,

 el saber tenga aquí su morada

 y la frente en sudor empapada

 sólo sepa inclinarse ante Dios.

 


HIMNO AL CADETE


 

 

 


 

¡ Se adelanta orgulloso el cadete

 siempre listo a morir o a triunfar

 y al forjar tradiciones de gloria

 es ejemplo de honor militar!

 

 En la ciencia templamos las armas

 que deciden la lucha mental

 y en la fuerte armonía del cuerpo

 Compendiamos el griego ideal

 

 El Colegio es emblema de triunfos

 de la gran democrática fe,

 y por eso sus pechos entonan

 este canto de amor a la ley.

 

 Orgullosos así sostendremos

 que amazónico es el Ecuador

 y en jornadas heroicas daremos

 a la patria un futuro mejor.

 


ORACIÓN DEL PARACAIDISTA


 

Dadme, mi Dios, lo que te resta

Dadme, lo que jamás nadie te pide

Yo no te pido el descanso

Ni la tranquilidad

Ni del alma, ni del cuerpo

Yo no te pido la riqueza

Ni el éxito, ni siquiera la salud.

Todo esto, mi Dios te piden tanto

Que no debes tener más

Dadme, mi Dios lo que te resta

Dadme, lo que la gente rechaza

Yo quiero la inseguridad

Y la preocupación

Yo quiero la tormenta y la fatiga

Y que tú me la des, mi Dios.

Definitivamente

Que yo esté seguro de siempre tenerlas

Porque no siempre tendría el coraje

De pedírtelas.

Dadme, mi Dios, lo que te resta

Dadme, lo que los demás no quieren

Pero, dadme también el coraje

la fuerza y la fe.

 

HISTORIA DE LA ORACIÓN DEL PARACAIDISTA

 

Desierto de Libia, abril de 1942. En la arena, el cadáver de un soldado del SAS inglés, el muy elitista Servicio Aéreo Especial en el cadáver, bien plegado en un bolsillo de la guerrera, un papel. Y en el papel, una oración que hoy se conoce como “Plegaria del Paracaidista”. El soldado se llamaba André Zirnheld. Su canto fue adoptado después por los paracaidistas de la Infantería de Marina Francesa. Es de una belleza acerada y recta, como un juramento ateniense.